Colono on Tour

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Estimado, o no:

Te agradezco tu consejo gastronómico. Los catalanes llevamos años preparando mal el pa amb tomàquet y ha tenido que ser un madrileño el que nos abra los ojos. Qué suerte tenéis en la capital del reino que, con el cerebro y esa gracia natural que demostráis para decir chuvia o Sabadel, os regalan el pack de la omnisciencia, la humildad y el don de gentes.

Ardo en deseos de que nos digas cómo se prepara la escudella, los cargols a la llaunao los panellets. Estoy convencido de que los mejores panellets del mundo se comen en algún barrio castizo de Madriz. Espero, eso sí, que no los mojéis en chocolate porque no son churros.

Pero no te cortes, por favor. Aún te quedan muchas lecciones que dar en campos como, por ejemplo, la cultura catalana. ¿Cómo hacéis castells en la capital? ¿Tres de deu amb folre, manilles y un bocata de calamares? Visto cómo actúan los antidisturbios que enviáis a Catalunya, el ball de bastons se os da muy bien. ¿Y qué tal la sardana? Supongo que la sardana es una copia del chotis, sólo que en vez de bailarla un hombre y una mujer, los catalanes metemos a un montón de personas por eso de ahorrar.

¿Qué sucede en Madrid? ¿Qué extraños aires vienen de la Sierra que os creéis el centro del mundo? Sigo sin entenderlo. Una ciudad tan bonita como Madrid debería vivir conectada al mundo de otra manera. Yo pensaba que la frase “de Madrid al cielo” era un chascarrillo divertido pero quizás tenga unas dosis de seriedad que empiezan a ser preocupantes. Que en los campos de fútbol catalanes llamemos bocas a lo que vosotros llamáis vomitorios, es una cosa, pero que lances vómitos es otra. Esto tiene que parar inmediatamente. Lo siguiente es que nos digas cómo construir un paseo marítimo.

En fin, para que veas que los catalanes no nos guardamos más secreto que quién está detrás de Tsunami Democràtic, aquí van unos consejos para que cuando vengas a Barcelona no lo hagas en plan “Colono on tour” y disfrutes de un buen pa amb tomàquet:

1. El pan. Se puede hacer con todo tipo de panes, pero mejor con pa de pagès. Muy importante: debe estar tostado, no quemado, como el espíritu de la transición.

2. Sal. Espolvorea sal sobre el pan antes de añadir el tomate, así se extenderá bien.

3. Tomate. Utiliza tomate de ramillete o de colgar. Al estar colgado pierde acidez y la clásica agua de la pulpa. Conserva así un sabor mucho más intenso. Corta de manera transversal y restriega sobre el pan. Repito: RESTRIEGA. Si lo trituras, puede acabar convertido en zumo que te dará para un Bloody Mary pero no para un pa amb tomàquet. Ya verás que, una vez restregado, te quedarás con la piel en la mano. La del tomate, claro. Si es la de la mano es que has restregado con uranio enriquecido.

4. Aceite. El punto final. Obligatorio que sea de oliva virgen extra. Se puede escoger la variedad o la intensidad según el gusto o los alimentos con los que lo acompañas.

5. Bon profit! No te olvides de decirlo. O si lo prefieres, salut i república.

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