Pertenecer, o no pertenecer, ésa es la cuestión

esther

Estimada, o no:

Te escribo para informarte que soy uno de tus abnegados súbditos dispuesto a hincar sus rodillas en el suelo en señal de sumisión ante tu persona. ¿Qué digo persona? ¡Diosa! Diosa española que levita exigiendo a la gente que le hable en la lengua del eximperio español (ahora convertido en rotondas, tiendas de Zara y mal humor generalizado). Me postro ante tu incorpórea existencia para ofrecerme como servicial mortal, colmarte de caprichos y satisfacer todas tus necesidades (bueno… casi todas. Que en Twitter nos llames putos independentistas no significa que ofrezca mi cuerpo a cambio de una tarifa. Dependerá en todo caso de la tarifa. Soy puto pero no tonto).

He elaborado una lista mental de todos aquellos momentos en los que, como española ungida por el azar de la geolocalización de su nacimiento, mereces un trato de diosa rojigualda. Por ejemplo, presumo que cuando te canses de levitar por los cielos de la condescendencia de quien pertenece a una democracia ejemplar admirada en el mundo entero por su tinto de verano, necesitarás que tus pies no pisen el frío suelo. ¿Te parece bien que extienda una alfombra rojigualda para que tus pasos sigan conservando la elegancia de tu vuelo? Si quieres, pongo también un photocall y llamo a la prensa. Que España se haya llenado de diosas españolas que gritan “Puigdemont a prisión” ofreciendo gotas de su celestial saliva, como si fuese polvo de hadas, no nos debe detener en la acción de homenajear su savoir faire.

También he pensado que debería elaborar algún tipo de rito gestual ante tu presencia. No uso sombrero y no podré saludar como D’Artagnan. Tampoco empleo barretina, como tus prejuicios de diosa nadasciente deben susurrarte en tus frágiles oídos de incorpórea entidad. Si no te parece mal, me arrodillaré y bajaré la cabeza para evitar que mis ojos se crucen con tu mirada. Aguardaré que no viajes acompañada de antidisturbios pero, si es así, soportaré con estoicismo la agresividad de democracia ejemplar sin parangón en la historia de las democracias ejemplares sin parangón. Tiene parangones la cosa.

En resumen, diosa rojigualda, como careces de cuerpo y, por lo tanto, de deditos que te permitan pulsar el botón Traducir tweet que incorpora Twitter y que te permitiría conocer el contenido de tuits en catalán, en tanto mortal nacido en Catalunya deberé soportar la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos y el desprecio de los soberbios. Eso sí, prometo no robar más palabras a Hamlet porque pertenecer, o no pertenecer, ésa es la cuestión.

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