Aprende a cocinar con un cuñado

idiota

Estimado, o no:

Yo, ante teorías tan elaboradas y documentadas como la tuya, sólo puedo levantarme y aplaudir con las manos, los pies y las orejas. Qué argumentos culinarios tan refinados. Mazapán y panellets. Uy, sí, iguales. Como Fran Rivera y Kiko Rivera. Por cierto, el dulce al que te refieres se llama en portugués, marzipã; en inglés y alemán, marzipan; en checo y en húngaro, marcipán; en rumano, marţipan; y en finés, marsipaani. Y qué decir de la palabra cerveza que en portugués es cerveja y en gallego, cervexa. ¡Todo el mundo se confabula para copiar palabras en castellano! Por otra parte, no quiero decepcionarte pero  todo apunta a que el origen del panellet es árabe. No se lo digas a los de VOX.

Me ha parecido también muy divertido que digas que a la pizza la llamamos coca. A pesar de que existe un plato buenísimo llamado coca de recapte (que se parece a la pizza pero que no es pizza, entre otras cosas, porque no lleva queso) no creo que sea bueno confundir a la gente. Más que nada porque después de leerte, algún farlopero de Erasmus en Barcelona puede entrar en un Pizza Hut buscando una papelina.

De todas maneras, practicar el cuñadismo como haces es cuanto menos arriesgado. Porque, imagínate que alguien, un bloguero cualquiera… yo mismo, te pregunta: ¿por qué en castellano se llama hamburguesa y no Rundstück warm que es como se llamaba a este plato en Hamburgo antes de que viajara a EEUU de la mano de la inmigración alemana?

Estimado, o no, tuitero: no hace falta bucear mucho en tu subconsciente para adivinar que el origen de tu tuit es el de menospreciar la cultura gastronómica catalana, reduciéndola a una copia de otras gastronomías. No estás solo en eso. En España es un deporte el hecho de reducir Catalunya a la nada: según los panhispánicos no tenemos más historia que la que nos une a España, el catalán es un dialecto (del castellano afirman los más zoquetes), nuestra economía no es nada sin la española, cuando deportistas catalanes ganan campeonatos se les etiqueta automáticamente de españoles y somos unos copiones malotes hasta en el nombre de nuestras muestras gastronómicas. En resumen, los catalanes no existimos sin la omnipresencia salvadora de las Españas. Panhispanismo supremacista o, sí, complejo de superioridad. 

En fin, te invito a que vayas a Francia a pedir una tortilla porque quizás te traigan una omelette y a que cuando viajes a Hungría le digas al camarero que quieres un estofado de carne y verduras. Verás cómo te trae Goulash y está buenísimo. Por cierto, ardo en deseos de saber qué es para ti un empedrat. Spoiler: no es Albert Rivera con un adoquín. 

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