Roberto Alcázar y Tuitín

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Estimado, o no:

Hay tres tipos de personas que me resultan especialmente inquietantes: las que creen que llevan ganando la Guerra Civil desde hace ochenta años, las que piensan que su vida se adjunta a una misión divina y las que suman estas dos características. También me inquietan las que, como Santiago Abascal, se suben a un caballo para tener algo entre las piernas. Obviamente, este tipo de mirada turbia y con menos vida laboral que un monarca, se englobaría en el tercer grupo por méritos propios. Su caballo, no. Él trabaja.

He leído tu timeline de Twitter y me ha quedado claro que harías compañía al tipo del caballo, no sé si en calidad de fiel escudero o de proveedor de alfalfa. Lo cierto es que en tu subconsciente hay más corazones verdes que en un Congreso de Daltónicos Enamorados. Tu relación sexual no resuelta con la ultraderecha llenaría toda una temporada de Friends, en el caso de que se rodara un spin off facha con niñatos del madrileño barrio de Salamanca. Y eso que en tu anónimo perfil de Twitter aseguras que no te consideras ni de izquierdas, ni de derechas. Supongo que levitas por encima de las ideologías y te da igual si el dinero se gasta en hospitales o en aviones de guerra, si se abarata el despido o se blindan derechos laborales. Evitar cualquier postura es útil, excepto cuando se trata del sexo. En ese caso, uno no puede declararse equidistante, a menos que quiera leer su futuro sexual en la palma de su mano.

De los muchos tuits en los que justificas las acciones de tu Disneylandia rojigualda, hay uno que me ha llamado la atención ya que subyace la idea de que quieres que te leamos los indepes para convertirnos en creyentes del unionismo mágico. Serías entonces una especie de Mesías de la unidad de España en misión por los territorios digitales. Como una especie de Cid de 280 caracteres y mil excusas, pretendes hacer entrar en razón a los infieles. Precioso. En serio. No estoy muy seguro de que el Estado español te otorgue la medalla al valor, ya que sería muy raro que se la dieran a alguien que se esconde en Twitter para insultar. Sin embargo, hay una idea romántica en lo que haces. El Cid tuiteador, José Antonio Primo de Tuitera, Roberto Alcázar y Tuitín… Debes tener más superhéroes que la Marvel.

Mira, cariño, si quieres salvar almas del tormento del librepensamiento, no vas muy bien encaminado. Ni somos tan imbéciles como crees, ni tú eres tan inteligente como papá y mamá te dicen que eres. La vida es más larga que un tuit y ni siquiera Shakespeare logró que el poder no se les subiera a la cabeza a los ambiciosos, después de escribir Ricardo III o El rey Lear. Nuestra única misión como seres humanos es ser felices y hacer felices a los que nos rodean. Y eso no depende del número de banderas que nos pongamos en el perfil de Twitter, sino de que nuestro pensamiento sea cada vez más libre, en medio de un mundo cruel, errático y contradictorio. Ojalá tu misión en la vida sea ésa y no pensar que eres el elegido, ungido por los dioses constitucionalistas para convertir herejes. Además, no quiero desilusionarte (o sí), pero entre tus escasos seguidores no es que haya muchos independentistas precisamente. De hecho, hay más banderas españolas que en un puticlub franquista (valga la redundancia).

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