Ardo de curiosidad por saber si lees este texto inflamado de ironía @matthewbennett

arder

Dear, or not:

A los catalanes indepes (y también a los no indepes) se nos ha llamado de todo: polacos, catalufos, nazis, totalitarios, norcoreanos, terroristas… Casualmente, nunca se nos ha llamado franquistas. Debe ser porque la “franquicia” la tienen ellos. En todo caso, ser catalán es difícil en la mente de los siempre ponderados, mesurados e intelectualmente avanzados partidarios de la unión de la patria a cualquier precio y, si no te gusta, recuerda que eres español y te jodes (situación que no debe suceder contigo, a no ser que llamarse Matthew Bennett se haya puesto de moda en Quintanilla de Onésimo). Pero, a pesar de que se nos ha vinculado con todos los conceptos que ellos consideran negativos (incluso ser polacos como Chopin, Copérnico o Juan Pablo II), es la primera vez que se nos acusa de emplear metáforas. Lo cual interpreto que debe ser grave.

Fiscal: ¿es cierto que usted empleó una metáfora?

Catalán: sí, pero es que escribí una alegoría y…

Fiscal: ni alegoría, ni alegoría, ni canciones de David Bisbal.

Catalán: la canción es Bulería.

Fiscal: no me cambie de tema. ¿Es cierto o no que usted escribió “Santiago Abascal no tiene tambor en su pecho” para afirmar que no tiene corazón? ¿O que dijo “Iceta baila como un Minion anfetamínico”?

Catalán: ¡Pero eso no es una metáfora! ¡Es un símil!

Fiscal: ¿Y no podría haber empleado una metonímia o una analepsis?

Catalán: sí, pero yo soy más de metáforas. También me gustan las anáforas: ni epitetos, ni prosopeyas, ni hipérboles, ni aliteraciones. Metáforas, anáforas… y todo lo que acabe en foras.

Estimado, o no, Matthew, me has dejado preocupado con tu aguda observación de la lingüística forense. De joven escuchaba aquello de “arde la calle al sol de poniente. Hay tribus ocultas cerca del río esperando que caiga la noche. Hace falta valor, hace falta valor. Ven a la escuela de calor”. La canté, la bailé, pero jamás hubiese pensado que Radio Futura me estaba hablando del terrorismo. Siempre había pensado que hablaba de los calentones juveniles, de la trempera matinera y de esos diluvios de feromonas que uno recibe cuando es adolescente. Espero que Santiago Auserón no sea llamado a declarar en la Audiencia Nacional. Eso sí, como quiero colaborar con la lingüística forense, te dejo aquí el nombre de varios terroristas por si quieres activar los mecanismos de la propaganda unionista (no eran indepes y te resultará un poco más difícil):

Lope de Vega: Yo, triste, que por ella muero y ardo, la red quise romper; ¡qué desvarío!, pues más me enredo mientras más me guardo.

Duque de Ribas: Ay! Yo en su fuego me consumo y ardo, y en alta voz mi labio la proclama de las gracias deidad, reina de amores.

Vicente Wenceslao Querol: Y cuando mi esperanza muere y en celos ardo, sé por qué el Amor lanza su ponzoñoso dardo.

Fernando de Herrera: Este fuego en quien ardo gaste el frío, rompa este yugo estrecho ya mi frente, y amor en sus rendidos no me cuente; que del a luengo paso me desvío.

Quevedo: Mi propia llama multiplica fríos, y en mis cenizas mismas ardo helado, envidiando la dicha de estos ríos.

Manolo Escobar: Que viva España. La gente canta con ardor. Que viva España. La vida tiene otro sabor.

En fin, ardo de curiosidad por saber qué será lo próximo por lo que nos denunciéis, aunque la llama de la república catalana sigue encendida en los tambores de muchas personas, cuyos luceros miran los algodones del cielo con esperanza, mientras el astro rey inflama las calles y otros arden en el infierno de sus propias obsesiones. Te envío el calor de un abrazo que avive la llama de tu pecho en la que brilla el sentido del humor.

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