Liberty no es sólo un nombre de compresas

libertad

Estimado, o no:

Vayamos por partes, como cuando un funcionario extremeño se rasca las suyas ante el exceso de trabajo que comporta tener que dar servicio a los tres extremeños que le corresponden por ratio funcionario/ciudadano. Para empezar, hablemos de la libertad. En las democracias occidentales, la libertad suele considerarse el más básico de los derechos humanos. Es un ideal por el que se ha luchado a lo largo de la Historia y por el que vale muy mucho la pena seguir luchando, aunque a los yonquis del poder absoluto no les guste. Y no se trata de decir “virgencita, que me quede como estoy” sino de alcanzar cada vez más cuotas de libertad. Se ha luchado contra Iglesias dispuestas a matar para defender sus creencias, contra monarcas absolutistas, contra la esclavitud, contra el machismo, el racismo, la xenofobia, los prejuicios, los estigmas sociales, el colonialismo militante, el poder económico más psicópata… y contra todo lo que haga falta para ser libre. John Locke, cuya obra inspiró a los Padres Fundadores de EEUU afirmó que “el fin de la ley no es abolir o constreñir sino preservar y aumentar la libertad”. La libertad premia a la ciudadanía. Poder reunirte con quien quieras, asociarte con quien quieras, manifestarte con quien quieras, viajar, cambiar de residencia, constituir partidos políticos, poder leer prensa no controlada por el gobierno o jueces independientes son premios para los ciudadanos demócratas porque se basan en el más básico pacto social: convivir a pesar de las diferencias.

Según el filósofo John Stuart Mill, el Estado debería permitir que los individuos actuaran como quisieran, siempre que no perjudiquen los intereses de otros. Todos tenemos un espacio individual que no debería pisarse con la excusa de que no entra en el sistema de valores del establishment. Por lo tanto, segunda parte: preguntas que dónde está recogido el derecho de protesta. El derecho de protesta está amparado por la democrática libertad de expresión que te garantiza a ti soltar esta perla de la filosofía de carajillo sin que nadie derribe la puerta de tu casa, queme tus libros y te lleve delante de un juez. ¿Dónde está recogida la libertad de expresión?

Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Artículo 19.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos:“Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Y como los constitucionalistas os ponéis palotes con la sacrosanta Constitución Española, mira lo que dice su artículo 20.1. a: “Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”.

¿Sigo? Sí, la libertad de expresión está recogida en muchas Constituciones y muchos documentos legales. Protestar no sólo es perfectamente democrático, sino que es imprescindible cuando alguien lo considere necesario. ¿O es que tu tuit no es una protesta?

Donde la libertad de expresión tiene más sentido no es en escribir preciosos poemas sobre las florecitas del bosque, es en el derecho a la protesta. Que el ciudadano sienta que tiene derecho a protestar contra cualquier tipo de poder, es un ejercicio de higiene democrática fundamental. Otra cosa es la cultura democrática, que es un déficit clarísimo en España, el único país europeo en el que triunfó el fascismo. Y si agachamos la cabeza, si convertimos en deporte la sumisión y el acto de mirar baldosas cuando se pisotean nuestros derechos, llegará un momento en el que nos conformaremos con que nos perdonen la vida.

Y tercera y última parte: otro día hablaremos de qué es eso de tener o no razón, un concepto tan abstracto como la unidad de España pero igual de peligroso cuando uno piensa que tiene la razón absoluta y acaba convirtiéndose en un absoluto idiota.

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