Ñordismo @DefiazulEduardo

eduardo

Estimado, o no:

Te lo explicaré como si fueses un poco limitado (de hecho, hasta estoy dispuesto a quitarle el condicional aunque no entiendas la ironía de este paréntesis). Soy el administrador único de un Blog que se llama Societat Anònima nacido en el 2010. Y no se llama Societat Anònima porque yo sea anónimo, ya que he publicado un libro y en todas las redes sociales aparece mi nombre. Este Blog se llama así porque en él hablo de la sociedad anónima, de la parte de la sociedad que nunca tendrá espacios para reivindicarse y también de los anónimos voluntarios que se esconden en las redes sociales para verter su bilis en forma de tuits, sus neurosis, sus frustraciones y todo ese equipaje tóxico que los amargaditos de la vida cargan para beneficio de psicólogos y psiquiatras.

Me explicas que recibes amenazas. No me hagas reír. ¿Qué arriesgas en tu vida? Simplemente, eres uno de los 106.338 Eduardos que en este momento hay en España (cuando ni siquiera es posible verificar sin ser un hacker que escribes desde España). En Twitter has decicido no ser nadie. Un Eduardo más. En tu perfil no se mencionan estudios, aficiones, profesión, colaboraciones con medios de comunicación… Cero. Eres uno de esos 106.338 Eduardos. De hecho, quizás no te llames Eduardo. Puedes ser Dorotea, que trabaja vendiendo ropa en un Zara; Manolo, que regenta un prostíbulo en un motel de carretera; o Romualdo, actor venido a menos que malvive en una pensión mientras su próstata parece un melocotón. Ninguno de tus saludados, enemigos, vecinos, compañeros de trabajo, acreedores o tu proctólogo saben quién hay detrás de la cuenta @DefiazulEduardo. Puedes ser un bot, un troll sin vida social, un fracasadito motivado, un inútil abandonado por el sistema educativo o, con suerte, alguien que se sacó el graduado escolar cuando ya hacía diez años que tenía el carnet de conducir. Nadie te conoce en Twitter. Sólo eres tuits (de un perfil muy bajo, por cierto). No arriesgas nada, no comprometes nada de tu vida real, no te juegas miradas de recelo por la calle, nadie dejará de hablarte por algo que has dicho en Twitter. Eres anónimo, protegido en tu vitrina de acero, seguro de que nadie se dirigirá a ti para hacerte saber que algo que has escrito no le ha gustado. Llámalo como quieras. Yo lo llamo cobardía. Porque uno puede elegir el anonimato en las redes sociales por las razones que quiera y seguro que muchas son respetables. Pero cuando lo hace para insultar, para vomitar idioteces, para provocar y después adoptar el papel de víctima, la palabra que lo define es C O B A R D E.

En Twitter hay una especie de Principio de Arquímedes: todo bobo sumergido en la red experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de las personas inteligentes que desaloja.Y es que por cada frustradito de la vida, por cada ofendidito, por cada castrador, por cada patriotero, por cada ignorante, por cada soldado de la mediocridad que vuelca sus mierdas en Twitter, por cada ÑORDO, hay muchas personas inteligentes que se alejan de la posibilidad de un debate rico y argumentado. Y ése es el estado de las cosas en las redes sociales: un buen invento pervertido por lo más bajo de la condición humana. Por eso, te doy dos posibilidades:

  1. Que juegues limpio y salgas del anonimato para, al menos, dar a los demás usuarios la posibilidad de saber quién les insulta.
  2. Que sigas insultando escondido en el anonimato, confirmando así tu categoría humana y, además, llenándonos de razones a los que no creemos en el proyecto de sociedad fracasado que se supone que defiendes. Piensa, eso sí, que tu presencia desaloja de Twitter a los españoles inteligentes que podrían defender sus ideas con argumentos y con sensatez pero no lo hacen porque personas como tú ocupan su espacio.

Obviamente descarto la tercera posibilidad: que reflexiones, pidas perdón e intentes destacar del resto a través de la inteligencia.