Entre flores, fandanguillos y alegría

raza

Estimado, o no:

La mayoría de las personas hemos pasado épocas en las que, a causa del estrés o de situaciones difíciles, hemos experimentado una serie de ideas recurrentes e incontrolables y que nos han generado altos niveles de angustia. Yo por ejemplo, cuando era un niño, pensaba que el ratoncito Pérez me mordería en la oreja si dejaba un diente debajo de la almohada. No es cierto, pero quedaba bien para poner un ejemplo. Porque yo no soy nada obsesivo. Ejem, ejem… Sólo necesito volver al coche cuando ya me he alejado unos metros para comprobar si lo he cerrado bien, volver a abrir la puerta del piso con la finalidad de ir a la cocina para mirar si hay algún fogón encendido y soy capaz de escuchar diez veces seguidas una canción si me gusta… pero no soy nada obsesivo. O sí…

Las obsesiones son dinámicas de pensamiento en las que la mente de la persona se aferra a una idea fija. Habitualmente, estas ideas están asociadas a algún suceso, evento o situación que genera una preocupación. Para que se considere una obsesión, estas ideas deben ser repetitivas y recurrentes. Además, también deben surgir de manera involuntaria y resultar del todo incontrolables. Esto significa que, por mucho que la persona intente no pensar en ellas o borrarlas de su cabeza, estas ideas volverán a la mente, puede que incluso con más fuerza.

Pues bien, durante estos años de preciosa relación con la catalanofobia en las redes sociales, he captado obsesiones colectivas. No tienen que ver con cerrar el coche, el gas o con escuchar diez veces la misma canción, sino que se centran en la gran pregunta: ¿por qué tantos catalanes se quieren independizar de España? Parece lógico que para responder a esta pregunta, se nos hubiese escuchado. Preguntan cosas absurdas a Siri pero no son capaces de preguntar a un indepe. A vesestenemos asentocatalán pero, a parte de esto, no hay ningún problema más. Y es que, el cerebro rojigualda ha elaborado maravillosas teorías para dar respuesta al amplio catálogo de disonancias cognitivas de algunos adultos. Porque, es evidente, que si desde siempre te han dicho que “entre flores, fandanguillos y alegría, nació mi España, la tierra del amor. Sólo Dios pudiera hacer tanta belleza y es imposible que puedan haber dos. Y todo el mundo sabe que es verdad. Y lloran cuando tienen que marchar” es lógico que uno pueda albergar dudas, no tanto sobre tu inquebrantable belleza, porque no pueden haber dos, sino sobre quien te rechaza (o, al menos, sobre quien rechaza tus estructuras de Estado). Es aquí, en este preciso momento, cuando saca la cabecita el pequeño sociólogo que todos llevamos dentro. Y es aquí, cuando surgen las teorías sociológicas que intentan dar respuesta a la siguiente gran pregunta: ¿si todos saben que es verdad y lloran cuando tienen que marchar, por qué tantos catalanes se quieren independizar de España?

Llegamos entonces a las obsesiones, a las ideas recurrentes repetidas una y mil veces por tertulianos mercenarios, políticos con menos nivel que el encargado de cambiar las tizas de la clase de P3 del Colegio Semos Asín y cuñados profesionales de los que tanto te amargan la cena de Navidad como un corto viaje en el metro. Es cuando pasan del “son muy suyos” a abrir el catálogo de obsesiones: actúan como los nazis, actúan como los judíos (pónganse de acuerdo, por favor), son totalitarios, quieren destruir España, no tienen Historia, nunca fueron un reino, ni siquiera la bandera es suya… Pero mi obsesión favorita es la de “os creéis superiores, una raza mejorada”. Lo curioso del caso es que esa frase la sueltan en muchas ocasiones los Mister Complejines que cantan a voz en grito: “yo soy español, español, español, lo, lo, lo”. No cantan” yo soy ingeniero” o “yo soy comercial y tengo treinta años de experiencia en el sector”. Cantan “yo soy español” como si eso conllevase la aparición de superpoderes en el organismo del tipo “control mental y autoregulación del nivel de colesterol”, “pene extensible tipo ducha de teléfono” o “capacidad para el vuelo rasante en caso de atasco de tráfico”. Yo soy español no significa nada más que yo soy español, un accidente de la geolocalización del nacimiento, un plástico que caduca cada cierto tiempo, la pertenencia a una sociedad que está a años luz de ser perfecta. Y eso es lo que quiero ser yo: un catalán a causa de un accidente en la geolocalización de mi nacimiento, tener un plástico en el que se diga que soy ciudadano de un Estado catalán y saber que pertenezco a una sociedad que está a años luz de ser perfecta. Sólo eso, que ya es mucho. En fin, estimado o no, cuando te enteres de que el “Viva España” lo compusieron dos belgas y originalmente en flamenco, espero que no tardes mucho en recuperarte del shock. 

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