La educación suspendida

Javier

Estimado, o no:

Como profesor y arqueólogo que eres, conocerás perfectamente la leyenda del anillo de Giges que aparece en La República de Platón (la de Platón, no la catalana. Puedes respirar tranquilo). Según esta leyenda, Giges era un pastor al servicio del rey de Lidia que, en medio del caos que originaron un temporal y un terremoto, vio cómo se abría una enorme grieta en el suelo. Giges descendió por esta grieta y bajo tierra halló un caballo de bronce hueco con un cadáver en su interior. Éste tenía un anillo de oro en un dedo. Giges se lo quitó y se apresuró a reunirse con los demás pastores. Ya junto a ellos, y al girar la mano, Giges desapareció de su vista. De repente, obtuvo el don de la invisibilidad. Ellos se pusieron a hablar creyéndole ausente pero lo cierto es que, como pudo comprobar varias veces, era el anillo el que al mover la mano de determinada manera le concedía el don de ser invisible. Entonces Giges trazó un plan: se incorporó a la comitiva que iba a palacio a informar al rey y una vez dentro adoptó la invisibilidad para seducir a la reina, matar al monarca y quitarle la corona. Esta leyenda se emplea para explicar la teoría de que todas las personas son injustas por naturaleza. Únicamente el miedo al castigo que impone la ley o la posibilidad de obtener un beneficio, hacen que se comporten dentro de unos ciertos cánones morales. No es muy optimista esta teoría. Sin embargo, define de alguna manera el comportamiento de algunas personas en las redes sociales.

Tal como aseguras en tu perfil de Twitter, eres profesor. Eso significa que tienes la responsabilidad de educar a jóvenes en unos valores que garanticen una sociedad en la que la convivencia sea el principal objetivo. Enorme responsabilidad, ¿no? Por cierto, convivencia no significa que todos pensemos lo mismo. Convivencia significa que estamos dispuestos a vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias. Y eso no tiene nada que ver con las fronteras administrativas. Es una apuesta por un modelo de sociedad que trasciende cualquier tipo de frontera. Uno de los motores de la convivencia es el respeto. Llamar basura o enfermos mentales a unas personas que tenemos aspiraciones diferentes a las tuyas, no se parece demasiado al respeto. Tal vez creas que tu Anillo de Giges es una cuenta en Twitter. Tal vez pienses que las fronteras virtuales te hacen invisible. Pero no es cierto. Especialmente cuando (y eso lo valoro) no te has escondido en una cuenta anónima para insultar, que es cuando el concepto platónico adquiere mayor importancia. A mí me preocupa que personas cultas como tú, personas que han de enseñar el valor del respeto en las aulas, que de alguna manera tienen en sus manos una parte del futuro de la sociedad, caigan en el error de buscar el aplauso de sus seguidores a través del insulto. Es por esos detalles por los que uno, que también es profesor, ha dejado de confiar en las posibilidades que tiene España para ser una sociedad moral y éticamente sostenible. Y es que, o esto cambia, o vais directos al desastre.

Lo sé, me estoy situando en un púlpito moral y te estoy juzgando. Y eso no es bueno. Nos juzgamos demasiado. Pero también sé que el sistema educativo es uno de los últimos reductos, de las últimas posibilidades que tiene la sociedad de este inicio de siglo para no entrar en autocombustión moral, para evitar que busquemos cualquier excusa para deshumanizar, insultar o amenazar a los demás; o para que expulsemos de nuestro marco mental la complejidad de la realidad y la sustituyamos por un entramado de prejuicios, estereotipos y marginación.

¿Si me tuvieras delante, me llamarías “basura independentista”? ¿Suspenderías mi humanidad para transformarme en una cosa sin derechos como el honor? ¿Sustituirías tu vocación de docente por un esquema mental propio de un matón de los bajos fondos? Espero que no. Ojalá. Deseo que ni tú, ni uno solo de los profesores que no estén de acuerdo con el independentismo, se comporten de esta manera. Si realmente es así, la cultura, la capacidad de crear, de investigar, de explorar fronteras mentales, de encontrar respuestas en la arqueología como es tu caso, se convertirán poco a poco en los vestigios de un pasado en los que el ser humano se olvidó, precisamente, de su lado más humano. Porque, si lo que nos disuade de comportarnos como seres asociales es el miedo a la cárcel, a la multa, al descrédito o a la vergüenza social, lo mejor que podemos hacer es que el único que persiga anillos mágicos sea Frodo Bolsón.

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