Censura

de

He llegado al nivel de no pedir a la política que mejore la sociedad. Perdida ya toda esperanza de no encontrar más de cinco o diez referentes éticos en ella que atesoren los suficientes valores como para dar un servicio a la colectividad y que destaquen por su altura intelectual y moral, lo que sí le exijo a la clase política es que no arruine la sociedad, que no tire gasolina en la convivencia para que algún lunático lance la cerilla. Lo vivido ayer en el Congreso es como para cerrarlo varios años y tirar la llave lejos. No es que ya se haya convertido en un plató de telebasura, es que diversos diputados gritaron como gorilas en celo y dieron golpes en la mesa cada vez que prometía su cargo un político independentista. Diez diputados independentistas más y hubiera salido algún Jack Torrance de la ultraderecha con un hacha gritando “here’s Jonnhy!”. Y es que el Congreso cada vez se parece más al hotel de El Resplandor: decadencia y muertos vivientes.

Sé que si eres muy español y mucho español, te sentirás representado por esos energúmenos. No les pedirás que tengan estudios superiores, que se hayan distinguido por su activismo social, que hayan demostrado capacidad de gestión en el sector privado o que gobiernen para todos. Les pedirás que griten para silenciar voces disidentes, que quiten lazos amarillos, que nos prohíban a los catalanes votar en un referéndum de autodeterminación, que envíen policías a golpearnos, que nieguen cualquier posibilidad de mejora para nuestra financiación, que pidan firmas para recortar nuestro Estatut, que lo recurran al Tribunal Constitucional, que encarcelen a nuestros líderes sociales y políticos, que nos ridiculicen día sí y día también en tus medios de comunicación, que estigmaticen todos los signos de identidad de nuestra cultura y que griten “a por ellos” con todas sus fuerzas. Y también les pedirás que nieguen todo esto y que te aseguren que somos unos victimistas, que no tenemos derecho a quejarnos, que estamos muy bien porque podríamos estar peor, ¿no?

Son dos modelos de sociedad los que están en conflicto. Dos modelos muy diferentes y se antoja muy difícil cualquier diálogo si no hay un mutuo reconocimiento. Porque lo que llamáis diálogo son golpes, prohibiciones, amenazas y toda una potente maquinaria actuando en contra de unas ideas. Si la alternativa es dejar de existir, me niego. Me niego en rotundo a que el modelo social, económico y político basado en diputados gritando como gorilas en celo o en enviar a miles de policías a reprimir, se imponga a un modelo basado en poner una papeleta en una urna, opinar y respetar la decisión de la mayoría. Es la barbarie en contra de la democracia. Y le puedes dar las vueltas que quieras, puedes calmar tus disonancias cognitivas poniendo la bandera española en el balcón pero ésa es la realidad. Censura frente a palabras. Gritar y golpear frente a votar y cambiar los marcos jurídicos. Son dos mundos viviendo en paralelo y no parece que haya vuelta atrás.

Fes un click a sota per seguir-me a:

1024px-Instagram_logo_2016 Instagram

logotw Twitter @blogsocietat 

Unknown Facebook

youtube

YouTube

poster