Los adultos somos incoherencia con colesterol y la tensión alta

ciudadana del mundo

Estimada, o no:

Los adultos llevamos muy mal la incoherencia. Si preguntas a un niño que jugaba a fútbol en el salón sobre quién ha roto la foto familiar, es probable que te diga que se ha roto sola. El hecho de que la foto familiar tenga la misma movilidad que Boateng no le preocupará. Aplicará su lógica de “si digo la verdad, me cae la bronca” y punto pelota (nunca mejor dicho). Los adultos lo llevamos peor. Y si no, observa el caso de Albert Rivera e Inés Arrimadas. Él salió de Catalunya para ser presidente del gobierno y ella vino a Catalunya para ser presidenta de la Generalitat. Pues han acabado recogiendo plásticos amarillos para sobrevivir electoralmente. ¿Incoherencia? Supervivencia, quizás.

Pero hablemos de Sigmund Freud, el humano más rarito que ha conocido Europa después de Cayetana Álvarez de Toledo, a la que entrevistan en TV3 para que afirme que TV3 no es plural, Lídia Heredia tenga la deferencia de entrevistarla en castellano porque tiene los mismos conocimientos de catalán que Juncker con una taja (es decir, siempre) y que, a pesar de poner a parir a la televisión líder en Catalunya diciendo que es residual y mostrarse orgullosa de su desconocimiento del catalán, se presente para, supuestamente, defender los derechos de los catalanes. ¿Incoherencia? Colonialismo, quizás.

Como te decía, hablemos de Sigmund Freud. Ello, yo y superyó. No, el último no es un personaje supercuqui que tiene un amigo pato y una amiga elefanta. Ése es Pocoyó, que sería un buen nombre para candidatos insignificantes como Karl Jacobi o Josep Bou. Ello, yo y superyó son conceptos fundamentales en la teoría del psicoanálisis con la que Sigmund Freud intentó explicar el funcionamiento psíquico humano. Para decirlo de manera sencilla: Freud escribió el manual de instrucciones del humano obsesivo, neurótico y con más fantasmas que una party brunch de los populares, te lo juro por Snoopy. Freud sostuvo que el aparato psíquico está dividido en tres instancias: el ello, el yo y el superyó.

El contenido del ello es inconsciente y consiste sobre todo en la expresión psíquica de las pulsiones y deseos. Supongo que has oído alguna vez esa expresión de “sólo piensa con el pene” (he escrito pene por no escribir polla ya que suena fatal).

El yo es la instancia psíquica que aparece como mediadora entre el ello y el superyó. Es el amigo que te dice que ya has bebido mucho, y que tienes que conducir, y que le dejes las llaves de tu cochazo que ya conduce él, que no, que no es que le haga ilusión conducirlo, es que estás muy mal, Pepe, que has bebido mucho, que no, que no quiero conducir tu Porsche Cayenne de 340 CV, aceleración de 0 a 100 en 6,2 segundos y 245 Km/h de velocidad máxima, y así toda la noche (asín si eres de Tabarnia).

Y nos queda el superyó o instancia moral, enjuiciadora de la actividad yoica. Es decir, es nuestro ángel bueno, nuestro Pepito Grillo, es quien nos dice “donde tengas la olla, no metas el pene” (he escrito pene por no escribir polla ya que suena fatal y así demuestro que mi superyó funciona… o no).

Y ahora te preguntarás: ¿por qué me das el coñazo con Freud? Porque tu Twitter es una aplicación práctica de las teorías de Freud:

Perfil biográfico: soy ciudadana del mundo que vive y deja vivir. Eso es el superyó. Lo que racionalmente crees que debes ser.

Tuit: pírate sudaca nazi. El ello. Clara manifestación de tus pulsiones y deseos.

Y en medio el yo, haciendo de negociador entre lo que a uno le gustaría ser y lo que es en realidad, entre sueños y fracasos, entre somníferos y ansiolíticos.  Al final, te has quedado en medio de ACNUR y VOX: ACHUX, uno de tantos estornudos en Twitter, ruidosos, efímeros y prescindibles. Definitivamente, los adultos somos incoherencia con colesterol y la tensión alta.

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