La necesidad de la escuela

vallejo

imbécil1

Estimado, o no:

Soy profesor. Si contamos mi época de estudiante, llevo en la escuela desde 1971. Eso significa que si algo conozco bien, es la escuela. Ya que según afirmas no has sabido muy bien lo que es una escuela, déjame que te haga un breve resumen. Se trata de un espacio físico dividido en aulas en el que evidentemente hay otros espacios como oficinas, gimnasio, etc. Dentro de las aulas hay sillas, mesas y recursos didácticos. En la actualidad se emplean ordenadores, tablets, proyectores o pizarras digitales. También hay estudiantes. Y por supuesto, profesores y profesoras. Juntos tratan de recorrer un camino hacia el aprendizaje. Las metodologías han cambiado. Ahora el profesor ya no es un mero transmisor de conocimientos. Es más bien un mentor que trata de potenciar habilidades y de generar espacios para la búsqueda de información y para la creatividad. Se trabaja mucho en equipo y con proyectos. Se habla del “learning by doing” o del PBL (Problem based-learning). Ya no se piensa en una sola inteligencia, sino que se habla de inteligencias múltiples (interpersonal, intrapersonal, lógicomatemática, visual-espacial, etc.). Se habla de alumnos conscientes, competentes, comprometidos, compasivos y creativos. En resumen, la escuela pretende fomentar la sed de conocimientos, la creatividad, la innovación, la excelencia y los valores. Porque una sociedad con sed de conocimientos, creativa, innovadora, que promueva la excelencia y valores como la libertad, el respeto, la convivencia, la igualdad o la paz es una sociedad sana.

A veces leo los timelines de Twitter que han desarrollado los usuarios y mis reacciones se mueven entre la sonrisa y el pesimismo vital. He leído el tuyo con mucha tristeza. Tus tuits son el reflejo de una derrota, al tiempo que dan valor a la importancia de la escuela como promotora de buenas personas. No hay en tu cuenta un solo tuit positivo, que haga del respeto una bandera, que emplee el sentido del humor sano e inteligente, que abogue por el encuentro con la discrepancia para buscar puentes, que desarrolle opiniones propias basadas en la reflexión. Ni uno solo.

Como profesores damos referentes para que los estudiantes tengan norte y brújula, para que sepan que personas inteligentes encontraron antes respuestas y que muchas de esas respuestas siguen siendo válidas. También ponemos sobre la mesa referentes negativos. Hablamos del fracaso y de su gestión, de la derrota, de naufragios humanos que acaban mal sus días. Porque aunque el mundo no sea tan maniqueo como en una película Disney, sí que es cierto que al último día de la vida las personas llegan de diferente manera. No sé si en alguna ocasión has reflexionado sobre tu Twitter y qué demonios anidan en tu interior pero, créeme, la vida es mucho más enriquecedora que insultar a los catalanes.

Hablas del ejército, de la omnipotencia de los legionarios, de que a los catalanes nos conoces muy bien y que somos vagos, que le robamos el dinero a Franco y que, si me permites la broma, poco menos que hundimos el Titanic, matamos a Kennedy y somos responsables de que Kiko Rivera no tenga una cintura de avispa. En tu mente anidan más fantasmas que en una maratón de cine de terror y te has entregado a la causa de volcar tu odio en una red social. Sí, te estoy pegando la bronca porque has suspendido como ser humano. Y es una lástima. Es una lástima que vinieses a Catalunya a buscar trabajo (supongo que porque en tu tierra no lo había), lo encontrases, tuvieras una oportunidad para disfrutar de una buena vida y ahora tu agradecimiento sea catalanofobia de manual. 

La escuela no siempre acierta, no garantiza el éxito en los futuros adultos, no llena todos los vacíos de una época incierta, cruel e injusta. Es un buen inicio, sin duda. Que desde hace tantos siglos se haya considerado que los niños y los jóvenes deben dedicar sus primeros años a la formación es un buen punto de partida. Pero la escuela no asegura el éxito personal. Lo que asegura el éxito personal, entendido éste como la capacidad para vivir en sociedad de un modo consciente, competente, comprometido, compasivo y creativo es la sensibilidad, la curiosidad, la empatía, el amor y el reto diario a llenar cada minuto con la alegría de vivir. Al final, se trata de intentar sincronizar nuestra muerte biológica con la muerte como seres humanos, que no siempre coincide, como por desgracia sucede en demasiadas ocasiones. Y recuerda lo que dijo Elbert Hubbard : “no te tomes la vida demasiado en serio; nunca lograrás salir vivo de ella”.

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