España es el Jason Bourne de occidente

gallego

Estimado, o no:

Hace tiempo que da vueltas una pregunta por mi maltrecha mente: ¿qué es España? Ya sé que si buscas la definición en la Wikipedia te dirá que “España, también denominado Reino de España, es un país transcontinental, miembro de la Unión Europea, constituido en Estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria. Su territorio, con capital en Madrid, está organizado en diecisiete comunidades autónomas, formadas a su vez por cincuenta provincias, y dos ciudades autónomas”. Hasta aquí la teoría queda clara pero después el tema se complica un poco. ¿Qué digo un poco? ¡Muchísimo!

Para que entiendas mis dudas, déjame que te explique un cuento: érase una vez una madre irresponsable, a la que tenían que haberle quitado la patria potestad, que obligó a su hija menor de edad a llevar una cesta con alimentos a la casa de su abuela. No le importó que su hija tuviera que adentrarse en un bosque en el que había un lobo. Evidentemente, el lobo atacó a la niña y se la comió. En un acto de pereza y falta de imaginación del autor, la niña sobrevivió al ataque del lobo, que por cierto también se había comido a su abuela. Lo peor de este cuento es que la Fiscalía de menores no actuó contra la madre. Lo mejor: que ni Ana Rosa Quintana, ni Susanna Griso, dedicaron un minuto de sus programas a montar tertulias o a realizar conexiones en directo para explotar la desaparición de la niña. ¿Cambia la interpretación del cuento? Evidentemente. Las historias se pueden explicar de muchas maneras. Y yo creo que la historia de España se ha explicado muy mal.

España tiene un grave problema: no sabe qué es. Padece un grave conflicto de identidad. El Reino de España es el Jason Bourne de occidente: su memoria son flashbacks sin conexión aparente. La culpa de este trastorno de personalidad la tienen muchos factores pero Franco, con su legado sobre la unidad de España, es uno de los principales agentes de este desorden identitario.

No acabo de entender, por ejemplo, que seguramente digas que Galicia es España pero no entiendas como española la muestra más importante de su cultura como es la lengua. No entiendo que moleste la presencia del gallego, del catalán o del euskera en los topónimos. Lo siento, no lo entiendo. Debo ser yo. No entiendo que se insista tanto en la unidad de España pero esa unidad desparezca ante la mínima muestra de diversidad. O sí lo entiendo porque quizás no hablemos de unidad, sino de homogeneización, de colonialismo cultural y de supremacismo, en este caso de la cultura castellana sobre las demás. ¿Qué queda entonces de España? ¿Es española la paella? Al fin y al cabo, es un plato de origen valenciano que se incorporó unos siglos más tarde a todo el territorio español. ¿La producción literaria en euskera es española? Yo soy catalán y se nos recuerda cada día que somos españoles. Sin embargo, no se puede hablar en catalán en el Parlamento español. Está prohibido. Cada vez que un político catalán ha empleado su lengua materna en el Parlamento, el presidente de turno le ha interrumpido para pedirle que hable en castellano. No es una opinión. Es una evidencia empírica. En pleno siglo XXI, en el que un adolescente japonés se puede comunicar en Facebook con un adolescente jamaicano para hablar de reggae, no se ha instalado un sistema de traducción simultánea en el Congreso para dar presencia a la multiculturalidad española que es, precisamente, una de sus mayores riquezas. Si el patriotismo español presume de tener muchos aviones de guerra, banderas muy grandes o jugadores de la selección que vienen de todos los rincones de España, ¿qué cortocircuito freudiano le lleva, no sólo a no presumir de su riqueza multicultural, sino a denostarla y a mostrar claras intenciones de que desaparezca en favor de una sola visión, un todo que es uno y lo es todo?

Quizás deberíais hacer una lista de lo que es español y de lo que no lo es. No sé si las sociedades se pueden psicoanalizar pero cada vez soy más de la opinión de que la sociedad española necesita un profundo análisis de su psiquis colectiva para saber qué es y, lo que es más importante, qué quiere ser. ¿Quiere realmente incorporar todos sus elementos culturales, sociales e históricos a un melting pot que además recoja los cambios producidos por la inmigración o quiere aislarse de su propia identidad heterogénea y diversa para construir una sociedad monolítica y de pensamiento único que excluya, no sólo sus propias raíces, sino también la influencia exterior? Yo me inclino por la primera opción. Entre otras cosas porque la Historia, con mayúscula, ha demostrado que las culturas deben construirse con la suma y no con la resta porque cuando la obsesión es la resta, los relatos de país acaban terminando mal, como el cuento de la Caperucita Roja. Por cierto, estimado, o no, vete A La Mierda.

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