Hablo en plural

palencia

Estimado/a, o no, Palencia:

Todas las culturas son inventadas”. Cierto. ¿Y? No me digas que después de ver “2001, una odisea en el espacio” creíste que el monolito nos transmitió el conocimiento necesario para que ahora tengas un móvil en la mano y hayas decidido poner el escudo de Palencia en tu cuenta, llamarte PalenciaCA y convencernos de que no eres nacionalista. No, el monolito sólo existió en la mente de Arthur C. Clarke. Y el nacionalismo es como las ventosidades: sólo molestan las de los demás.

Todas las culturas son inventadas. Por supuesto. Desde que el ser humano empezó a emitir sonidos guturales para comunicarse, desde que se dio cuenta de que podía dibujar en las paredes de las cavernas y desde que esa ansia de explicar su visión del mundo se transformó posteriormente en escritura y en lenguas, la cultura se ha ido inventando. Como decía mi abuelo: “has descubierto la sopa de ajo”. Las culturas las inventaron los millones de personas que nos han precedido. Y aún así necesitamos encontrar respuestas a quiénes somos, por qué vivimos y cuál es nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Cada pequeña acción que hagamos es el resultado de millones de preguntas que otras personas se hicieron por nosotros. Eso es la cultura. Es lo que ha permitido avanzar en campos como la ciencia, el arte o la democracia. Repito, somos lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. I cada vegada que un català fa servir el català, està recordant a totes aquelles persones que el van fer servir, que van viure en català i que van somiar en català. I també està donant oportunitats perquè la llengua no mori i les generacions posteriors la facin servir amb plena normalitat. Por eso, entre otras mucha cosas, hay catalanes que defendemos la independencia: para que no se cierren oficinas en el extranjero que permitan internacionalizar la cultura catalana, para que demagogos como Rivera o Casado no puedan acabar con el catalán en los espacios públicos, para que podamos tener industrias culturales potentes.

La cultura catalana (como la del resto de la España actual) está conformada por muchas culturas: griega, romana, fenicia, cartaginesa, árabe, etc. Y sí, si te estoy escribiendo en castellano es porque también la cultura castellana (u otras peninsulares) están presentes en mi identidad. Y no la rechazo, pero que no la rechace no significa que me tenga que conformar con que una cultura hegemónica acabe con otra minoritaria demográficamente en el marco referencial español.

Las culturas no están en el ADN. Ésa es su grandeza. Ser guapo cuando tus padres lo son, no es un mérito. Nacer en un lugar del mundo porque tus padres viven allí, tampoco. Lo que es un mérito es conformar una identidad, unos gustos, unos marcos referenciales, unos valores y una visión periférica del mundo a través de una indescriptible necesidad de comerse la vida. Y ahí están los abismos, la búsqueda de la belleza, la inmortalidad que se persigue a través de la la literatura, la música, el cine, la pintura, etc, etc. Es la vida en su máxima expresión. Todos somos el centro de algo y la periferia de otra cosa. Todos. Yo soy el centro de mi mundo y tu periferia. Lo mismo se puede decir al revés. Por eso, todos defendemos nuestro centro, nuestras ideas y nuestras identidades. Las que consideramos nuestras, más allá de Constituciones, la UE, la ONU o la tabla periódica. Todos somos el centro de nuestro mundo. Y eso no es nacionalismo en su vertiente fascista porque responde al deseo de ser tratado de igual a igual. Cuando el nacionalismo es la respuesta de un grupo dominante para aplastar a las minorías (sobre todo con el uso de la fuerza) eso es fascismo. ¿Te han explicado que los policías que vinieron el 1 de octubre a Catalunya cantaron el “a por ellos”? ¿Has visto las imágenes de las cargas policiales? Cuando alguien se siente atacado, cuando alguien ve la violencia ejercida contra familiares, vecinos o amigos, el nacionalismo es una herramienta útil. Reivindicar una nación cultural, social y política no te convierte en el malo de la película. De hecho, si te informas sobre quiénes fueron Gandhi o Martin Luther King verás que detrás de su lucha no hay supremacismo, sino una desesperada ansia de vivir en igualdad de condiciones. En mi caso, lo tengo claro, en el marco autonómico español los catalanes no tenemos futuro. Tendremos migajas, concesiones, se nos perdonará la vida después de mirarnos por encima del hombro, pero no tendremos la posibilidad de dejar de sufrir el negacionismo constante de aquello que fuimos, somos y queremos ser: UN PAÍS NORMAL.

Por cierto, sí, hablo en plural. Si hubieras estado alguna vez en una manifestación independentista, sabrías que somos muchos y que hablamos en plural porque somos un colectivo, una gran familia. Quizás alguno de los lectores de este blog te quiera confirmar que tengo su permiso para hablar en plural. Si en Catalunya el Partido Popular se llama popular cuando es todo menos popular, el PSOE se llama socialista cuando es todo menos socialista, Ciudadanos se llama así cuando muchos somos ciudadanos pero no tenemos nada que ver con ellos, Societat Civil Catalana se autodenomina así cuando no representa a toda la sociedad civil catalana y VOX se llama de esta manera, cuando lo que quiere es reprimir es la voz de los demás, imagínate si me siento legitimado para hablar en plural. Por supuesto.

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