Ríete, nene. Ríete

arturito

Ríete. Ríete mucho. Hasta que se te salgan las lágrimas de alegría. Que te duela la barriga de tanto reír. Que asomen los mocos y entornes los ojos como si cortases cebolla. Ríete. Siéntete vivo una vez más. Ríete de ti mismo, para empezar. De tus defectos, de tus carencias, de tus errores. Da ejemplo y permite que los demás se rían de ti, cuando no logres que se rían contigo. No les pongas querellas, ni te hagas el ofendidito, si se ríen de ti. No les amenaces con tus aspavientos habituales porque debes ser capaz de devolver humor y no la crónica de una persona que vive bajo borrascas. Consigue una bolsa de papel por si hiperventilas y tienes que meter tu bocaza en ella, pero no amargues la existencia a los demás. Madura, nene. Lo de la inteligencia emocional también va por ti.

Ríete, que la vida bien explicada puede ser divertida, que son cuatro días y la muerte no debe ser el final a tropocientos años de amargura. Como dijo el gran Lubitsch: “tragedia más tiempo, igual a comedia”.

Ríete. Con grandes carcajadas o escondiendo los dientes tras una mano tímida, pero ríete. Dibuja sonrisas en tu cara para iluminar los días. Saca punta al ingenio y ponte del lado de la inteligencia, capaz de ver nuevas realidades más sorprendentes. Ríete de lo absurdo, de los abismos, de las barricadas que monta la mediocridad cada día para jodernos la existencia. Ríete del poder, de los gobiernos, de los reyes, de la Historia, de los himnos y de las banderas. ¿Por qué no? Eres más importante que todo ello. Tu vida tiene más valor que un himno o una bandera. No lo olvides nunca. Son símbolos, nada más. Ríete de los dioses propios y ajenos, de las ideologías que te intentaron inocular cuando te preocupaba más no perder el chupete. Ríete de los dogmas y las leyes que no te reconozcan como sujeto pensante, libre y determinado a hacer camino. Ríete hasta de la ley de la gravedad cuando una calle mojada te haga caer. Ríete del aburrimiento que también te recuerda que sigues vivito y coleando. Ríete de mí cuando creas que mis textos son ridículos.

No te rías del débil, del desprotegido, del marginado. No te rías del sufrimiento ajeno. No es necesario que las risas aplasten dignidades. No es autocensura. Es empatía.

Ríete aunque tengas noventa años y el reuma te recuerde que el calendario pesa. Ríete para tener un plan diario, un objetivo, una meta. Ríete para que el espejo no te eche nada en cara cuando el tiempo te apague la luz. Ríete para que la última curva no te sorprenda amargado.

Prueba, explora, acierta, falla, crea, exprésate, cuéntale al mundo tu interpretación de esta fiesta mediante libros, blogs, películas, teatro, canciones pero ríete, nene. Ríete, que esto se nos va a la mierda.

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