El aragonés errático

Estimado, o no:

Te escribo asustado. ¿Dónde están los niños de Jaca que puedan jugar con tus hijos? ¿Ha venido el flautista de Hamelín y tocando una jota con su flauta se los ha llevado a algún lugar secreto para que paguéis un rescate? Dime, por favor, que entre los 12.813 habitantes de Jaca aún queda algún lugareño con la edad de tus hijos con el que puedan jugar. Porque ya se sabe que para que los niños jueguen, es necesario que hablen siempre en castellano. Faltaría más. A ver si en México o en Honduras Hernán Cortés abrió la franquicia de academias de castellano “Habla en cristiano, coño” para que después no haya servido de nada. ¿Sabes que en los campings españoles los niños británicos, alemanes o franceses deben sacarse un curso básico de castellano para que tengan el privilegio de jugar con niños españoles? Lo pone en la Constitución. Y si no lo pone, debería estar.

Además, ¿qué es eso de que los niños vascos hablen entre sí en su lengua materna si el alemán es mucho más sencillo? True story. La palabra que tiene el record Guinness como palabra más larga pertenece al alemán y es: Donaudampfschifffahrtselektrizitätenhauptbetriebswerkbauunterbeamtengesellschaft.

Que ya sé que parece cuando te quedas dormido encima del teclado, pero significa “Sociedad de funcionarios subordinados de la construcción de la fábrica principal de la electricidad para la navegación de barcos de vapor en el Danubio”. Yo la pondría en un examen de ortografía de la policía alemana para que los policías españoles no se quejen. Siempre les podrías decir: “escribe bien Donaudampfschifffahrtselektrizitätenhauptbetriebswerkbauunterbeamtengesellschaft, listo, que eres un listo”.

Pero no nos desviemos de la ruta, como cuando el emérito coge un avión para ir a Mallorca y acaba en el Golfo Pérsico. El tema es que a ti te parece “nazionalista” que los niños vascos hablen en euskera. Traduzco: te jode mucho, como la trucha al trucho, que unos niños vascos no dejen de hablar en su lengua inicial ante la presencia de otros niños que no hablan su lengua inicial. ¿Quieres también que les pongan una alfombra roja, un photocall y que les tiren pétalos de rosa para que tus hijos puedan jugar? Y es que uno tiene la impresión de que la cercanía de algún ciudadano español debe cuanto menos que parar el tiempo. ¡Atentos! ¡Que viene un español! ¡Shhhhh! ¡No hables en euskera, en catalán o en gallego! Esta gente es sensible y les entra una mala hostia del copón. Disimula. Habla en inglés. Eso ya no les jode tanto.

Por eso, y como último consejo, permíteme que te diga que si tienes la sospecha de que alguien habla en euskera, catalán o gallego a menos de diez metros de tu hispana presencia, intentes realizar un ejercicio de psicología evasiva. Piensa que son alemanes, franceses o portugueses y serás más feliz. Y si tus hijos sueltan un “eskerrik asko”, un “collons, que ha fet mal” o le dicen a otro niño “non pateas tan forte” serás feliz creyendo que aprenden idiomas mientras juegan.

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